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martes, 14 de marzo de 2017

El riesgo del fraude fiscal en las pymes



Por Raúl Gorrín.- Para todo país es importante mantenerse ojo avizor, vigilante, ante las amenazas de fraude fiscal, uno de los flagelos que atacan mayormente a las economías de todo el mundo.

Las miradas atentas se dirigen a las pequeñas y medianas empresas, mejor conocidas como pymes, así como también a los profesionales independientes o freelance.

Esta es una realidad que puede contemplarse en casi todos los países. Muy poco del personal de las instituciones supervisoras se dedica a indagar entre las cuentas de las  grandes empresas. La lupa siempre está dirigida, en gran escala, a las pymes.

Pero, ¿es correcta esta apreciación de estimar a las pymes y los independientes como el principal foco de evasión de impuestos?

De ninguna manera, pues según algunos análisis los grandes fraudes tienen su asiento en las grandes empresas, sí, esas a las que se les descuidan por enfocarse en las pymes. En esto influye 
enormemente la falta de personal y recursos para acometer las grandes auditorías sobre los complicados sistemas contables que los conglomerados ponen en desarrollo.

Obviamente, algo hay que hacer al respecto.

El control tributario no puede estar centrado únicamente en atacar y acogotar a los pequeños y medianos empresarios, quienes se sienten asediados por todos los flancos, por un lado la grave crisis económica que hace estragos en todo el mundo, y por el otro, los ojos escrutadores de los gobiernos que los agobian sin entender que muchas de sus actuaciones son consecuencia de las malas políticas económicas implementadas por los propios gobiernos.

El fraude fiscal no solamente está en las pymes, sino también en la opacidad que ofrecen las cuentas de los grandes conglomerados.

Las pymes requieren apoyo —que no con esto queremos decir que se las descuide en sus manejos fiscales y se les permitan malas actuaciones— y que se les ayude a salir del atolladero en el cual se encuentran sumergidas.

El miedo y el acoso a la pequeña y mediana empresa no será lo que conduzca a las economías de los países a resurgir, a reflotar.

Las instituciones fiscalizadoras requieren de modernización, sobre todo en esta era digital que ha sumado sofisticación a los sistemas contables de las grandes empresas y conglomerados.


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sábado, 14 de enero de 2017

Ojo avizor con los defraudadores empresariales



Por Raúl Gorrín.- Así como su organización debe estar atenta a los movimientos del mercado, la estrategia de su competencia y las tendencias que en el ámbito de su acción se van imponiendo para poder estar a la vanguardia, también es preciso, más bien imprescindible, permanecer ojo avizor ante la posible presencia de defraudadores en el seno de su empresa o emprendimiento.

El defraudador empresarial comúnmente es un directivo de edad mediana que lleva unos cinco o seis años dentro de la organización a la cual está timando, según lo revelan los últimos informes especializados surgidos al respecto.

Y es que la figura del defraudador ha sido objeto de análisis, tanto por las autoridades, como por organizaciones que han visto el auge que estos han tenido y el daño que pueden llegar a causar en las empresas o emprendimientos en las cuales deciden acometer sus acciones.

Los especialistas han terminado elaborando un perfil del defraudador con base al estudio realizado en varios países. Las estafas y los fraudes cometidos por estos han sido estudiados para poder establecer cuál es la conducta de estas personas capaces de violar los controles internos de los negocios sin ser detectados.

El defraudador empresarial típico, de acuerdo al perfil levantado, tiene una edad comprendida entre los 36 y 55 años. Esto es un elemento importante, pues ello explica que por ser considerados como profesionales con experiencia, son ubicados dentro de las organizaciones en puestos de dirección, consejería y alta gerencia.

Por lo general se trata de directivos con una buena formación académica y con amplia experiencia reclutados por la organización en la que laboran desde hacía unos cinco o seis años. Este es otro elemento a tomar en cuenta, pues el tiempo les ayuda a tener un conocimiento amplio de la empresa o emprendimiento.

Se ha determinado que en un promedio que alcanza casi un 50 por ciento, los defraudadores tienen formación especializada en administración de empresas que les facilita el tener puestos de liderazgo.
El ubicarse en estos altos puestos dentro de la organización empresarial, les permite a los defraudadores el tener una amplia visión de la empresa, conocer el organigrama funcional, manejar los adelantos tecnológicos y digitales implementados y, por tanto, poder vulnerarlos o manipularlos. Esto —la manipulación del software de control financiero— pueden lograrlo bien de manera directa como indirecta.

Por lo general se trata de personas que alcanzan altos niveles de simpatía dentro de la organización, llegando a ser altamente apreciados por los integrantes de la empresa o emprendimiento.

Casi siempre que son descubiertos ocurre por denuncias, bien a lo interno como a lo externo, es decir por boca de un compañero o cliente, y muy poco por el control interno organizacional.

Las acciones delictivas de este tipo son cometidas generalmente por ambición, por deseos de lucro, pero también porque sencillamente es posible hacerlo por la vulnerabilidad de los sistemas de seguridad empresariales. 

Así que permanezca atento a la seguridad, control interno como al personal que forma parte de su organización. Agudice sus sentidos. Para evitar las sorpresas.

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